Historia de Amor - VI

Miércoles, Enero 16, 2008 10:09
Publicado en categoria Mis Escritos, Personal

En varias ocasiones se repitieron salidas, era ya frecuente pasear con mi dulce ángel, momentos dulces que jamás podré olvidar; para ese entonces llevaba cerca de un año con quien era mi pareja en ese momento, una mujer de 24 años quien siempre era dulce, detallista, agradable conmigo, con mi familia, con todas las personas que llegaba a presentarle.

Había pasado gratos momentos con ella, pero desde el día que conocí a Luciana todo cambio, no podía pensar en otra mujer que no fuera ella, mi vida sexual no era la misma, miles de pensamientos no me dejaban ser yo, era algo que jamás había sentido, era la decadencia de mi relación.

Daniel, Franco y yo nos habíamos comprometido en almorzar en la casa de mi amor utópico, era de mañana, estábamos en clase y el día había llegado, quedamos encontrarnos en mi casa para partir todos a dicho compromiso, eran cerca de las 11 de la mañana, Luciana me acompañó como hasta entonces lo hacíamos, ya era frecuente el pasar momentos conversando, caminando, cualquiera que nos hubiera visto se habría llevado la impresión de que teníamos una especie de conexión en algunos momentos; pasábamos parte de la mañana o tarde en mi casa acompañado de nuestros amigos, recuerdo cuando le preparaba algo de comer, sentía tanto placer al complacerla, tanta pasión al verla sonreír, mil veces quise besarla, jamás lo hice por temor al rechazo. Llegamos a mi casa, al ser de mañana no se encontraba mi familia en casa, estábamos los 2 solos y habíamos adquirido cierta costumbre por tomar algunas cervezas con nuestros amigos; le pregunté si deseaba beber unas cuatro, me respondió que esperemos a Daniel, quien era una persona a quien mucho respetaba, era un amigo, una excelente persona, era mi cómplice y confidente, Luciana no le negaba lo que el pedía, jamás le aconsejaría mal; después de seguidos intentos accedió a lo que se convertiría en un día inmemorable.

Fuimos a comprar juntos, caminamos menos de una cuadra mientras la molestaba por su estatura, habíamos llegado a tener la confianza como para poder tomar ciertas atribuciones con mis tonterías; compré las botellas y algunos cigarrillos, regresamos rápidamente a mi casa, encendí el equipo de sonido para amenizar la mañana, conversamos largamente, hablamos de infinitos temas, la estábamos pasando espectacular; la hora de almuerzo estaba cerca, nuestros amigos nunca llegaron, tuvimos que partir solos en dirección a su casa para cumplir con el compromiso. Llegamos, su abuela nos invitó a pasar, era una señora de unos 60 años, una mirada que inspiraba confianza, muy amable y condescendiente, trataba a su nieta con mucho cariño, pero siempre la estaba molestando con algunas bromas para hacerla sonreír; el almuerzo estaba servido, un riquísmo ají de gallina acompañado de un exquisito jugo de maracuyá; no nos tomó mucho tiempo el terminar de comer, intercambié algunas palabras con la señora quien tan cortésmente me recibió. Era hora de partir, mi pequeña y yo queríamos seguir tomando algunas cervezas más, yo no tenía más dinero a lo que ella me dijo : Recuerdas que te tengo una deuda por el trabajo grupal que hiciste? pues ahora te pagaré. Jamás pensé cobrarle, no podía recibir nada de ella que no fuera una sonrisa; insistió tanto que accedí con la condición que ese dinero fuera para seguir ingiriendo aquella bebida amarga; estábamos ya cerca de mi casa, recuerdo el recorrido, el óvalo, el día soleado, mi mirada que se encontraba ligeramente retardada por haber ingerido alcohol; entramos a mi casa, abrí las cervezas y continuamos tomando, ya estábamos algo mareados, puse un disco de Laura Pausini, escuchamos por mucho rato, terminamos las cervezas, ya estábamos en el éxtasis del beber; juntos el uno al otro, sentía sus cabellos cerca a mi cuello, veía su rostro, sentía escalofríos al tenerla y no poder besarla; no pude más. la vi, apoye su cuello en mi brazo e intente besarla, mi sorpresa fue que correspondió a mi besos, me sentía volar, estaba fuera de mí, rosaba sus labios tan suavemente como podía, trataba de besarla de tal forma que no notara mi desesperación…nos apartamos por un momento, pensé que no la tendría tan cerca nunca más, lo volví a intentar por si tuviera la dicha de que accediera nuevamente, ¡Así fue!, la pude besar nuevamente, estábamos semi echados en mi mueble, era excitamente y placentero; decidí no dejar pasar este momento, deseaba continuar para poder sentir la dulzura de su cuerpo cerca al mío, necesitaba su amor para seguir viviendo.



Le pregunté si deseaba ir a mi cuarto a buscar un disco de salsa, género que ella amaba; entramos, puse música, jamás encendí la luz, me encontraba dándole la espalda mientras en mi computador escogía las canciones a tocar. Mis hermanos estaban en sus cuartos, mi padre aun no llegaba del trabajo; volteé, la vi, me acerqué y la besé, ella correspondió a mis besos, mis caricias, intenté desnudarla, no era muy bueno iniciando esto, conocía poco de sexo, no sabía como podía hacerla sentir mejor; después de muchos retrasos y continuas negativas logré sacarle aquel Jean color celeste que cubría esas dos piernas que jamás había contemplado, pude palpar su vulva húmeda, su vello púbico era tan suave, su trasero no era tan grande pero era hermoso, suave, blanco, era un manjar para mis ojos; logré palpar sus senos, no eran tan voluptuosos como bajo la ropa se observaban, sentí sus pezones, sus brazos, toda su piel; poco a poco me fui acercando, ella estaba mirando a la pared, tenia su espalda a mi merced, estuve tocando la puerta del cielo con mi falo, estaba tan humeda que logré entrar en ella sin mucha dificultad, estuve moviéndome, ella no lo hacía, parecía congelada, solo se entregaba al placer; varios minutos pasaron, note cierta incomodidad así que decidí separarme, la vi llorar, me dijo repetidas veces que yo ya había logrado lo que quería, le dije tanto como pude que eso era falso, jamás la busque por sexo, mis intenciones siempre fueron dulces, pasaron cerca de 10 minutos, yo seguía explicándole hasta que noté que cambio su forma de ver las cosas, retomamos la tarea, duró poco ya que ella deseaba retirarse, jamás llegué al orgasmo, era muy difícil para mi hacerlo, muchos requisitos necesitaban cumplirse para poder llegar a ello.

Se cambió, no deseaba que la viera semi desnuda, me pidió voltear, estaba lista, acercándose a la puerta diciéndome que se retiraba, le pedí acompañarla, se negó, de todas formas lo hice, intente abrazarla en la calle, no quiso, no entendí por que, para mi no fue sexo lo que pasó, fue demostrarle el amor que sentía, el poder tomar su mano fuera de mi casa era demostrarle que el amor hacia ella jamás se iría; llegamos al paradero, ella subió, parecía una dulce niña, la vi alejarse poco a poco, mi vida se iba con ella; regresé a mi casa a pensar en cada uno de los segundos que había pasado, a escuchar música romántica para poder así soñar con mi amor.

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