Historia de Amor - I
Domingo, Enero 13, 2008 3:44Un día cálido y soleado, lleno de silbidos matutinos, un día para jamás olvidar.
Eran las 6 am, un día martes, recuerdo tener las clases de Comunicación en la universidad con aquel profesor que nos hacia viajar en el tiempo con sus historias esotéricas y universitarias, siempre solíamos desviar el tema, incluso exposiciones y opiniones para incursionar en aquel tema que a muchos hacían distraer y a pocos reflexionar.
Tenía 18 años, en esos buenos tiempos tuve la oportunidad de conocer a un joven con el cual compartíamos diferentes tipos de ideas, ambiciones e incluso vidas personales alguna que otra vez similares, desde que conversamos profundamente por primera vez tuvimos un chispa que nos hizo compartir tiempo adelante una gran y fuerte amistad.
Jamás me considere un alumno aplicado, solo para las clases que eran de linea en mi carrera solía esforzarme, me sentía gratificado cuando algún problema era resuelto en menos tiempo que el otorgado, en Comunicación me sentía excitado por los temas que se tocaban, siempre con la peculiar forma de expresarse de nuestro docente.
Aquella clase dio inicio a las 8 am, el clima dió un cambio total, se percibía un aire helado peculiar de aquellas mañanas nubladas con el rocío alrededor de nuestros pies; habrán pasado unos 15 o 20 minutos, siempre pasaba que algunos compañeros llegaban tarde, pero, aquella mañana no pasó, no eran los compañeros con los que solía compartir los momentos de esparcimiento con mis pocas y casi invisible palabras. esta vez no; se abrió la puerta de forma inesperada, yo estaba en la parte delantera del aula a unos dos asientos de la puerta, vi dos figuras entrando, pasaron, se acercaron al docente con una sonrisa y una risa que las acompañaba desde antes de incorporarse al aula; fue ahí cuando la conocí, cuando la vi, cuando sentí a miles de criaturas revolverse en el estomago, aquel cosquilleo en mis adentros eran incontenibles, quede atónito, estupefacto, confundido, aquella mañana se convertido en la que cambiaría mi forma de ver la vida desde ese momento.
Contemple aquellas figuras como si jamás pudiera volver a vislumbrar las maravillas de la naturaleza. La primera era de talla promedio, tes levemente clara, mirada distraída con poca emoción por el curso a dictarse, su acompañante, quien me causo la dulzura más amarga de mi vida era una mujer no muy alta, cabello negro y delgado, unos ojos con un tono negro tan hermoso como el anochecer serrano, labios no muy gruesos a los cuales en aquel momento quise arrancar a besos, una piel tan fina que hablar de ella sería no terminar; vestía con un pantalón Jean y unas botas color negro, siempre tenia esa sonrisa en el rostro, la cual siempre logró manipularme. Cruzaron entre mi lugar y el de un compañero, sentí su suave ahora al rosar sutilmente aquella camisa recién lavada que, después de ello, no lo volví a hacer; la mire sin tapujos, no pude evitar no quitarle la mirada por un par de minutos aun habiéndose dado inicio a la clase. Toda aquellas dos horas antes del tiempo de recreación que existía entre las horas de clase no podía sacar de mi mente aquella niña de mirada angelical, el tiempo voló, por segundos cruzamos miradas, ella torno una mirada de soprendimiento una que otra vez al observar que mis ojos no se apartaban, varias veces me ruborice, muchas escondí la cabeza pero no podía quitármela del pensamiento, fue un momento de confusión total.
Cercana a la hora de recreación pregunté a mi amigo quienes eran aquellas señoritas que se incorporaron a nuestra clase, a lo que el respondió: yo las conozco y he estudiado con ellas; quede impactado y emocionado al saber que en algún momento podría tener un contacto más cercano que el visual a 5 metros. Los segundos pasaban y mi excitación no se iba, mi piel se estremecía como niño en primera cita, deseaba poder acercarme y decirle cuanto la llegue a amar en esos 90 minutos, no fue así, seguí con cautela la espera de la hora de “armar grupos” para poder acercarme, situación que no se dio en aquel momento, minutos después fue cuando por primera vez tuve la oportunidad de escuchar su voz diciéndole a mi amigo: Hola.


